La vida es bella

"Entrañable relato. Con desbordante creatividad, Benigni dirige, escribe y protagoniza la película italiana más importante de la década".
Guido es
un italiano descendiente de judíos, con alma de poeta. Le gustaría abrir una tienda de libros, pero ha de ganarse la vida como camarero. Un día conoce a Dora, la guapa maestra de un pueblo. Se enamora sin remedio de la "princesa", y comienza a cortejarla; su principal rival es un dirigente del partido fascista.
Unos años más tarde, ya casados, tienen un niño. Pero un día es deportado a un campo de concentración nazi junto a su tío, su hijo Josué y su mujer. Dora les sigue por amor. Allí, con tal de salvar la vida de su familia, le hará creer a su hijo de cinco años que todo se trata de un juego y que pueden ganar un premio si consiguen mil puntos. En realidad, están viviendo uno de los peores holocaustos de la historia de la humanidad y ellos son las víctimas.
" Esta es una historia sencilla, pero no es fácil contarla. Como en una fábula, hay dolor, y como una fábula, está llena de maravillas y de felicidad. "
Ahora, en ese mundo inimaginable, Guido debe usar su imaginación y cada gramo de su espíritu infatigable para salvar las vidas de aquellos a los que ama. En medio de la dura realidad, Guido siempre presenta a su hijo un enfoque positivo y le hace creer que no se trataba realmente de una guerra sino más bien de un juego en el que el ganador se llevaría un tanque real como premio, y le dice que cada uno de los esfuerzos y padecimientos que deben pasar es parte del juego.


Al final la película, los norteamericanos llegan a ayudar y de esa manera
Josué sale de su escondite, y ve el tanque que tanto le había prometido su papá, al no comprender el idioma americano, por gestos sube al tanque, en camino se encuentra con su madre, y corre a sus brazos, gritando "Hemos ganado, tenemos un tanque de verdad".

Guido miraba la vida con optimismo, como si cada segundo fuera el último, y sobretodo con toneladas de humor. En ningún momento se derrumba ante la guerra, y con ello, hace que esta guerra fuera un juego entre su hijo y él. Nunca deja de sonreír, es eso quizá el secreto de la vida.
Carta a Josué:
Querido Josué:
Me dirijo a ti como superviviente. Tú eres el guardián de la esperanza de esta vida que sigue siendo bella.
De Guido, tu padre, aprendiste a jugar o, lo que es lo mismo, a vivir. Él te enseñó un juego que ocultaba una dramática verdad. La muerte consentida de tantos que por su fe o por sus límites no cabían en el decreto de los que seleccionaban a los perfectamente hombres.
Esta verdad exige el mayor silencio de la historia. Y esta verdad todavía, desgraciadamente, sigue siendo verdad real.
Hoy siguen muriendo en los campos de concentración de la historia los que no tuvieron otro delito que nacer en la zona de los pobres, en la tierra del hambre. Y hoy continúa la tragedia y como en las adivinanzas del viejo doctor seguimos entre la oscuridad y el silencio.
Los interrogantes nos cercan. ¿Será más fuerte el odio que el amor? ¿Podrá la verdad vencer a la mentira? ¿Tendremos valor para desfilar con paso firme, como Guido, hacia la muerte? Y después de dar el paso, ¿no ganará la muerte la partida?
En la zozobra nos queda la memoria: el recuerdo de los que murieron amando y vivieron dando la vida. Guido nos recuerda que en medio del desastre es posible el amor y sólo el amor nos sostiene.
Los milagros son posibles porque siempre hay una salida. En lo inesperado, en las sorpresas siempre hay un resquicio para seguir esperando.
Cada vez que convertimos el amor en humor y las tragedias en comedias para seguir seriamente viviendo y seriamente “comprometiendo la vida”, estamos resucitando. O, lo que es lo mismo, estamos ganando...
Y por eso, aunque la palabra puede ser peligrosa:
Gracias Josué, heredero de la promesa, heredero de la esperanza.
La vida es bella una maravillosa pelicula sobre la segunda guerra mundial, un padre y su hijo que cree que la guerra es un juego y el premio mayor era un tanque.
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